Cuando el desamor llega, ya nada es de color, solo queda la desilusión
Te das cuenta que esa persona a la cual amaste sólo existía en tu mente, que nunca se ajustó a tus expectativas
Te preguntas el porqué de tus enojos, por qué le peleabas, por qué sufrías tanto cuando dabas y no recibías. Por qué te molestaba tanto quedarte con los brazos abiertos y las manos vacías, esperando, esperando algo.
¿Y los celos? ¿Qué hay de ellos? Cuando adrede te los generaba para asegurar su empobrecido ego y tu, infantilmente le seguías el juego celándolo también. ¿Cuantos corazones heridos en el proceso? ¿cuantos?
Entonces después de ese adiós tan amargo, cuando ves que ya no hay solucion, cuando te vas con tus sueños rotos a tratar de reconstruir lo destruido, cuando decides irte para siempre y pasas tiempo llorando, luego pensando y finalmente, resignandote a que eso se acabó, el causante de tu dolor reaparece como si nada.
Te das cuenta que tu corazón ya no palpita, que tus piernas no se tambalean al verlo, que logras darle un abrazo sin sentir nada y lo ves como el ser humano normal que es y no con esa aura mágica que le daba tu absurdo enamoramiento. Ahi, en ese instante te das cuenta de que el desamor ha llegado y se ha depositado en tu interior. Que cuando llega ya nada lo hace irse, por más que te insistan y traten de recoger los pedazos que capaz quedaron esparcidos en el holocausto.
Nada. Ya no hay nada. Capaz cariño, capaz nostalgia. Pero lo que si sientes y es una gran dicha, es la libertad de no amar a quien no te correspondió en su momento. Y no es venganza, no, es justicia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario